Los comercios se reinventan para sortear la crisis

Los cambios en la jornada laboral, la caída de rentas de los hogares y el paro impulsan unos cambios que están transformando las ciudades españolas. Tres principios marcan la renovación: el criterio de proximidad, la especialización y las rebajas de precios. El caos del ladrillo desplaza al modelo comercial basado en la gran superficie.

Dicen los expertos que el comercio es el sector económico más sensible a los cambios sociales y, a la vez, su más fiel reflejo. Una actividad que reacciona en cuanto los ciudadanos alteran su modo de vida y se adapta con rapidez a los nuevos hábitos. Si antaño el comercio sufrió una revolución por la incorporación de la mujer al trabajo, hoy son los cambios en la jornada laboral, la caída de la renta de los hogares y el aumento del paro los impulsores de una metamorfosis que está transformando también las ciudades españoles. Se trata de adaptarse a la crisis para no morir. Aun así, muchos no lo consiguen.

Comerciantes, especialistas y responsables políticos coinciden en que la crisis ha obligado a millones de personas a mudar sus hábitos de consumo. Los hogares cuentan con menos recursos que hace tres o cuatro años y por ello dedican más tiempo a planificar sus compras.

El viejo hábito de ir una vez por semana a una gran superficie y adquirirlo todo de golpe está en retroceso. Se impone una fragmentación de las compras que ha derivado en la proliferación de multitud de establecimientos especializados en los centros de las ciudades y en muchos barrios. Desde las grandes superficies hasta el pequeño establecimiento han seguido tres principios comunes para seguir a flote: el criterio de proximidad, el de especialización y las rebajas de precios.

El profesor Gerard Costa, que dirige el observatorio de Consumo de Esade, explica que en el último año y medio el consumidor «ha perdido la confianza en la recuperación del estándar económico que disfrutaba antes de 2007 y ha modificado sus hábitos de compra». A su juicio, el «gran cambio» es que en vez de «ir el sábado al hipermercado, donde sabía que era más caro, pero ahorraba tiempo», opta ahora por «dedicar más tiempo y fragmentar la compra, moverse en su barrio y hacer una compra más inteligente».

Es en este contexto donde muchos hipermercados y grandes superficies han decidido acercar sus ofertas a la clientela en vez de esperar a que ellos acudan a sus centros. Con los ingresos reducidos en la inmensa mayoría de hogares y el alza de precio de los carburantes, cada vez menos consumidores utilizan el coche para las compras cotidianas.

El formato de supermercado amplio ha sido el elegido por grandes empresas como Carrefour, Eroski o Mercadona, entre otras, para sus planes de expansión. En algunos casos, se han establecido en locales alquilados en los mercados municipales tradicionales, contribuyendo a su resurgimiento. También muchas cadenas especializadas en ropa o juguetes que antes solo estaban en grandes centros comerciales han empezado a instalarse en los barrios de las ciudades para no perder cuota de mercado.

Compras más meditadas

La directora general de Comercio Interior del Ministerio de Economía, Carmen Cárdeno, suscribe que «el consumidor está haciendo unas compras mucho más pensadas, más razonables». Al mismo tiempo, el pequeño comercio «tiende a una especialización y a dar una mayor calidad en cuanto a servicio y producto», explica. A efectos prácticos, esa especialización se traduce en el surgimiento de miles de pequeñas tiendas. Son especialmente llamativos los de los sectores de la alimentación -donde destacan sobre todo las fruterías, pero también hay panaderías, pastelerías, carnicerías y pescaderías de nueva apertura- y de servicios. Entre esos últimos los expertos llaman la atención sobre la infinidad de nuevos establecimientos de peluquería y centros de estética.

Carmen Cárdeno señala que detrás de esa transformación hay también razones macroeconómicas. Explica que, hasta 2006, «los desarrollos comerciales iban unidos a desarrollos residenciales, y ahora eso está más limitado y hay una regeneración del comercio de centro de ciudad». Es decir, cuando el modelo de residencia era la gran urbanización dormitorio se planificaban los grandes espacios comerciales que debían surtir a sus habitantes. La caída del ladrillo ha alterado sustancialmente el panorama.

El profesor Gerard Costa cree que estas tendencias muestran que «estamos escapándonos del modelo americano de centros comerciales y la crisis nos está devolviendo a un modelo más europeo, con una vida comercial más activa en los barrios». Eso no significa -puntualiza- que sea un modelo dominado por el pequeño empresario, ya que «quienes más se están aprovechando son las cadenas comerciales».

La directora de Comercio Interior no suscribe ese análisis. «No creo que el modelo de gran superficie esté en crisis, la crisis la están pasando todos». Una de sus consecuencias, subraya, es «un parón en la inversión en grandes implantaciones». «Dada la crisis es más difícil desarrollar un área de implantación de miles de metros», explica.

En lo que sí coinciden todos es que donde hay comercio hay vida. El sector es un gran dinamizador de las ciudades y su interacción con otras actividades como la hostelería es muy alta. Los efectos sobre el empleo en las ciudades también son positivos.

Según Comercio, el 68% de la población española vive en capitales de provincia o municipios de más de 20.000 habitantes, donde están casi el 70% de los locales comerciales. Pese a la crisis, a finales de 2012 seis comunidades mostraron tasas positivas de ocupación laboral en el comercio minorista. Y los datos de febrero de 2013 constatan que siete regiones registraron un aumento anual de trabajadores en el comercio autónomo y familiar.

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