¡QUE GRANDE ES EL PEQUEÑO COMERCIO!

Lo reconozco: Soy adicta a comprar en el pequeño comercio.

Y no lo digo porque me agobie meterme en unos grandes almacenes -bueno, ahora lo llaman grandes superficies- y no poder ver la calle, ni porque me angustie ver tanto perchero y tanta estantería y andar corriendo para que me dé tiempo a ver todas las cosas, ni porque no me guste tener que estar buscando a un dependiente para que me cobre, ni porque las colas para pagar o para lo que sea me alteren.


Sencillamente lo digo, porque comprar en el pequeño comercio significa no ser anónimo, significa cálidos saludos y agradables despedidas, buenas maneras, fiabilidad, asesoramiento, profesionalidad, credibilidad, servicio post venta, comportamiento impecable, atención personalizada, confianza, y sobre todo, COMUNICACIÓN. (Quede claro, que no estoy desprestigiando con esto a profesionales de otros sectores del comercio).

Me niego a que se despersonalice poco a poco la vida en nuestra sociedad y haré todo lo que esté en mi mano para no contribuir a ello y para no seguirle el juego a quienes quieren conseguirlo.
Por eso pienso, que el pequeño comercio contribuye a no vivir en el anonimato, cada vez más en aumento, en nuestros pueblos y ciudades. Contribuye a fomentar las relaciones sociales, cuando te paras en la tienda para hablar con otros clientes, o saludas a otras personas que entran o salen de la tienda, o cuando le abres la puerta a una persona que va cargada, o cuando le ayudas a una señora a entrar el carrito de su bebé.

Y no sólo eso:
¿Os habéis parado a pensar qué sería de nuestras calles si no estuvieran rodeadas por los escaparates del pequeño comercio?( por cierto, los decoran cada vez más bonitos). ¿Os imaginais las calles una Navidad sin las luces de decoración de todas las tiendas?.

No puedo olvidar tantas buenas satisfacciones como me ha dado y me da el pequeño comercio:


¡Cuántas mañanas de domingo en invierno hemos salido en familia a pasear y ver escaparates!.
¡Lo que he disfrutado con mis hijos mirando escaparates en Navidad eligiendo regalos!
¡Lo bien que me lo he pasado con mi madre recorriendo todos los escaparates en las rebajas!
El montón de veces que me socorren cuando mando a uno de mis hijos, a comprar sin dinero, porque yo no estoy en casa o no puedo salir en ese momento y se lo dan sin problema.
Las miles de ideas que me han dado cuando les he consultado algo en concreto que no sabía como solucionar.
La confianza con la que llamo para que me reserven tal o cual artículo, porque he pensado comprarlo, pero voy a tardar en ir y no quiero que me lo vendan.
Las veces que he dejado a mi madre en la tienda sentada mientras que yo iba a por el coche porque empezaba a llover o porque ya no podía andar más.
La comodidad de poder hacer mis compras a pie, mientras paseo si me apetece, y sin calentarme la cabeza buscando un sitio para aparcar.
El montón de ocasiones en que mis hijos han salido de la tienda comiéndose una magdalena, o una manzana, o una chuche porque se la han regalado en la tienda.
Esas bandejas con copitas de vino dulce o licor y esos mantecados y polvorones que nos ofrecen en todas las tiendas en Navidad.

Ese pequeño comercio y sus profesionales forman parte de mi día a día:
Me encanta ir a comprar el pan a Rafa, mi panadero; ser atendida por José Luis, mi carnicero; que me recomiende el pescado más fresco Jóse, mi pescadero; que Marisol me enseñe las últimas novedades de su mercería; que Chelo, me traiga la fruta y verdura más fresca para escoger cuando voy a comprarla o que Jóse me guarde la revista que sabe que me gusta comprar aunque no se la haya encargado, porque esa semana se está agotando rápidamente...

No puedo dejar de decir que una importante contribución que hacemos todos al comprar en el pequeño comercio es que el dinero que pagamos no va para ningún capital extranjero, sino que se queda en el pueblo o ciudad donde hacemos nuestras compras y eso, es bueno para todos.
Ahora, con el azote de la crisis y en muchos casos, con una economía precaria, son muchas las familias que pueden sacar sus casas adelante gracias a la confianza del pequeño comerciante, porque le permite retirar artículos de su tienda, ya sea comida, ropa, artículos del hogar... y pagárselos en cómodos plazos, sin intermediarios y estableciendo como aval sólo la confianza en la palabra del cliente. ¡Ya me diréis en que otro tipo de comercio se puede hacer esto!.

Quiero con éste artículo reconocer la labor del pequeño comercio en nuestra economía y en nuestra sociedad para que no pase desapercibida. ¡Ah! y para aquellos de vosotros que os estéis preguntando que si yo tengo una tienda o cualquier otro tipo de empresa quiero aclararos que no la tengo.

http://miarticulosemanal.blogspot.com.es/2011/07/que-grande-es-el-pequeno-comercio.html

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