García-Legaz: "La economía comenzará a crecer en 2013"

Considerado por muchos como uno de los economistas más brillantes del Partido Popular regional —diputado en su Murcia natal desde 2008— gracias a su enorme preparación profesional y acreditada trayectoria política, Jaime García-Legaz Ponce fue llamado por el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, a finales de diciembre —tras la contundente victoria de las pasadas elecciones generales— para ocupar el cargo de secretario de Estado de Comercio, materia que domina como pocos. No en vano, es licenciado en Ciencias Económicas y Empresariales por la Universidad Complutense de Madrid y técnico comercial y economista del Estado. Hasta llegar a su recién estrenado puesto, pasó por el departamento de análisis económico y financiero del Banco de España y por la Dirección General del Tesoro y Política Financiera del Ministerio de Economía y Hacienda.

Nadie desconoce que ha sido «ojito derecho» del ex presidente Aznar. De hecho, en enero de 1999 fue nombrado vocal asesor del departamento de Asuntos Económicos y Sociales en el gabinete del presidente del Gobierno y en junio de 2000 pasó a la dirección del Gabinete del Secretario de Estado de Telecomunicaciones y para la Sociedad de la Información. El 2 de agosto de 2002, el Consejo de Ministros le nombró director del Departamento de Bienestar y Educación. Tras la salida del PP del Gobierno después de las elecciones de marzo de 2004, García-Legaz fue nombrado director del área de Economía y Políticas Públicas de la Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales (FAES), donde ascendió, en 2007, a secretario general de FAES.

—¿Cuándo comenzará España a crecer y crear empleo neto?

—Es difícil saberlo, pero es razonable pensar que finales de este año tocaremos fondo y a principios de 2013 la economía española comenzará a recuperarse. La previsión de caída del PIB en un 1,7% para este ejercicio es el escenario más negativo que prevén los organismos internacionales. Por tanto, el Gobierno español se pone en el peor de los casos para que luego nadie pueda acusar a España de ocultar cifras.

—El escenario presupuestario del Gobierno fija un déficit público para este año del 5,8%, casi un punto y medio por encima del 4,4% que fija el Plan de Estabilidad, lo que ha sido interpretado como un desafío de España a Bruselas.

—La cifra definitiva de déficit público para 2012 se está establecido en el 5,8% del PIB, lo que supone un esfuerzo de reducción importante, y es un 50% superior a la cifra que estaba prevista en el Programa de Estabilidad Presupuestaria aprobada por Bruselas. Nos pedían dos puntos porcentuales sobre el PIB de reducción del déficit público y el Gobierno hará un esfuerzo de reducción de 3 puntos. Haber hecho un esfuerzo de cuatro puntos de reducción del déficit público hubiera sido demasiado, lo que habría provocado a su vez, un daño excesivo para la economía española.

—¿Cómo influirá la reforma del mercado de trabajo en esta recuperación económica?

—Hemos hecho la reforma laboral para amortiguar la caída. La economía está cayendo desde el verano y sin la reforma del mercado de trabajo la destrucción de empleo sería masiva. La idea con esta reforma es que los ajustes se hagan más a través de costes laborales y menos través de despidos y que se acorte el periodo de recesión porque sin reforma se hubiera alargado más. Y que cuando la economía vuelva a crecer permitirá que no sea necesario que lo haga al 2,5% para crear empleo neto; será posible que con crecimientos algo superiores al 1% se cree empleo neto.

—La reforma laboral abarata y facilita el despido. ¿No puede ser una oportunidad para que las empresas sustituyan plantillas caras por otras más baratas?

—Podría ocurrir, pero la otra opción es que los trabajadores de empresas con más problemas de competitividad lleguen a acuerdos con sus empresas para a través de reducción de costes salariales mantener ese empleo. Está claro que si las empresas piensan que tienen que hacer un ajuste en las plantillas lo harán, lo hemos visto en esta crisis. Con un despido improcedente de 45 días por año, se han realizado 3 millones de despidos. El que quiere despedir lo hacía y lo hará; ahora va a costar menos a las empresas, sí, pero esa empresa que antes se quedaba sin recursos financieros y acaba cerrando tras despedir a toda su plantilla, al reducir el coste de despido posiblemente podrá tener su negocio en pie y conservar un porcentaje mayor de plantilla. Que se va a destruir empleo es inevitable porque la economía está cayendo a plomo desde octubre y el paro sigue aumentando.

—¿Hasta qué cifras podría llegar el desempleo? El escenario presupuestario aprobado el viernes sitúa en el 24,3% la tasa de paro...

—Es muy difícil realizar esta estimación porque ha cambiado la estructura del mercado de trabajo. Sí es seguro que el paro subirá menos de lo que lo hacía antes porque las plantillas se ajustarán más por la vía de los salarios y menos a través de despidos.

—¿Cómo recuperar la marca España?

—Para recuperar la imagen fuera primero hay que hacer los deberes dentro; la mejor política de imagen internacional es la política doméstica. Si se hacen los deberes y la economía empieza a recuperarse, esa economía empezará a verse fuera como una economía respetada, el país como un país serio, que hace las cosas bien. Y es así como se empieza a vender la marca España. Es imposible vender esta marca con un déficit del 8,5% del PIB, una tasa paro superior a 20% y un sistema bancario que no se ha atrevido a hacer una reforma en condiciones. La mejor política de marca España es hacer la política de reformas en casa, aprobar una Ley de Estabilidad Presupuestaria para asegurar que el déficit sea cero, una reforma del mercado de trabajo para luchar contra el paro y ser una economía que pueda crear empleo en cuanto comience a crecer. Que tenga una reforma bancaria que permita que el crédito fluya de nuevo, una ley de organismos reguladores que garantice la independencia del organismo regulado... Todas estas reformas permitirán empezar a ganar credibilidad fuera. Será un proceso lento, pero se están haciendo las cosas que hay que hacer, fuera están bastante de acuerdo en nuestra agenda de reformas y lo importante es seguir por este camino.

—La siguiente reforma es...

—La energética. Tenemos un modelo energético de éxito, pero llegado un momento se nos ha ido la mano en las subvenciones, en las primas y al final en el déficit ¿Qué es lo que está haciendo el Gobierno? Hacer la reforma energética para que ese modelo sea sostenible, porque no lo podremos seguir exportando fuera si no lo es. ¿Cómo seguir exportando el modelo si el coste de la energía en España es un 30% más caro que la media comunitaria?

—¿Y el sector público?

—Esta pendiente toda la reestructuración del sector público empresarial, saneamiento y privatización y poner en orden las cuentas autonómicas y locales.

—¿Qué supone el plan de pago a los proveedores por 35.000 millones de euros?

—El pago a proveedores se había convertido en una urgencia máxima para nuestras pymes y, por tanto, para el Gobierno era prioritario solucionarlo. Las medidas anunciadas el pasado viernes son una buena noticia, ya que en prácticamente dos semanas estemos en condiciones de ponernos al día con el pago a proveedores tanto de los ayuntamientos como de las comunidades autónomas. Es una cifra muy importante, 35.000 millones de euros es mucho dinero, el 3,5% del PIB, un balón de oxígeno para nuestras pymes y muy importante para salvar a miles de pequeñas y medianas empresas españolas y decenas de miles de puestos de trabajo. La decisión política para que todos los proveedores cobren ya se ha tomado. Y eso también es recuperar la marca España. Les pongo un ejemplo, muchas multinacionales farmacéuticas que invierten en España llevan años sin cobrar. Eso lo saben en Nueva York, Londres, Suiza, Francia... ¿y quién va a invertir en este país si hay unos señores que llevan años sin cobrar? El plan de pago a los proveedores es muy importante para la marca España porque una parte de estos proveedores de las administraciones públicas son empresas extranjeras.

—¿Privatizaciones para cuándo?

—Hay que elegir bien el momento de las privatizaciones. Queda más de lo que parece, no tanto en el Estado como en comunidades y ayuntamientos, ahí sí queda mucho sector público empresarial que se puede privatizar. El problema es elegir el momento. No sería oportuno ni sensato vender los activos en momentos en el que menos le pagan. Si hay algo que vale 150 y ahora vale 80 no tiene sentido que lo vendas ahora salvo que estés tan desesperado. Tiene sentido esperar y cuando baje el diferencial de la deuda y los tipos bajen las empresas valdrán más, Es lo que hizo en el año 1996 el Gobierno de Aznar; esperó a que los mercados mejoraran y se empeñó en vender a unos precios de mercado razonables. Lo contrario es regalar. No hay un calendario todavía, pero el Gobierno sí ha tomado la decisión de aplazar el proceso.

—Cite algunos sectores que serán privatizados en comunidades autónomas y ayuntamientos...

—El sector de aguas, empresas que organizan ferias, que no se sabe por qué son públicas, empresas municipales de limpieza, que lo lógico es que se presenten a concurso, industriales, de gestión de ocio, gestión campos de golf, estaciones de esquí.

—¿Se ha hecho todo en reforma financiera?

—Quedan por ver las fusiones. El Gobierno tiene todavía mucho que decir, y no para emparejar a unos con otros porque las decisiones de las entidades son libres, sino para estar seguro de que son fusiones que realmente tienen sentido económico y generan entidades viables.

—Reforma presupuestaria, reforma financiera, reforma laboral... ¿cuándo la liberalización total de horarios comerciales?

—Nuestra primera intención es eliminar las licencias de apertura del pequeño comercio. Hemos empezado por los locales de hasta 300 metros de superficie que sean propiedad de una pyme para determinadas actividades, aunque estamos analizando la posibilidad de ampliar progresivamente el número de actividades para las que los pequeños comercios que puedan se acojan a la apertura sin licencia.

—¿Cuánto se tarda ahora en dar una licencia?

—En dar una licencia un ayuntamiento puede demorarse entre tres meses y un año y medio. Con un informe técnico que confirme que la empresa cumple con los requisitos necesarios y con una declaración responsable de autoliquidación de las tasas a partir de ahora esta sociedad podrá abrir en un día.

—¿Y la financiación?

—Para las pymes que no pueden acceder fácilmente al crédito, hemos puesto en marcha con el ICO dos líneas de financiación, una más general, para cualquier pyme, y una específica para el pequeño comercio con subvención y tipos de interés más baratos que los del mercado.

—¿Qué requisitos deben cumplir las empresas que se acojan a esa apertura sin licencia?

—Cualquier pyme situada en cualquier punto de la geografía española y de cualquier actividad, salvo bares y restaurantes porque necesitan unos permisos adicionales sanitarios. Pero en función de cómo vaya la experiencia con el resto, estudiaremos cómo extenderlo a este tipo de negocios.

—El pequeño comercio se rebela contra la liberalización total de horarios comerciales que ustedes pondrán en marcha...

—El pequeño comercio puede abrir libremente los 365 días del año, todos los días de la semana. Ahora bien, los pequeños y medianos comerciantes explican que su problema no es tanto la competencia con las grandes superficies, sino que, con la normativa laboral que había antes de la última reforma, si querían abrir, por ejemplo, en fin de semana, se encontraban con que sus empleados, acogidos a un horario pactado se podrían resistir. La reforma introduce flexibilidad en la jornada y pone en marcha también un contrato de aprendizaje que permite al pequeño y mediano empresario que, quizás, no tenga sucesión para su negocio, contratar a trabajador con bajo salario al principio, pero con la opción de que en el futuro pueda quedarse con el negocio.

—¿Cómo ha evolucionado la inversión extrajera en España durante la crisis?

—España es el octavo país de la Unión Europea por atracción de inversiones, lo que resulta muy pobre para una economía que es la quinta en Europa. Por ello, desde la secretaría de Estado de Comercio estamos trabajando para que España mejore desde ya en lo que a capacidad de atracción inversora se refiere.

—Mientras llega el crecimiento económico ¿podrían convertirse las exportaciones en el refugio de nuestras empresas?

—La gran empresa ya tiene entre el 70 y el 80% de sus resultados en el exterior. Hay que ayudarla en grandes contratos, licitaciones... pero no hay que hacerlo para salir fuera. Pero a diferencia de otros muchos países europeos, que ya tienen a sus medianas y pequeñas empresas internacionalizadas, España no. Y ése es nuestro gran reto.

—¿Hay que seguir pensando en Europa, sumida en una fuerte crisis, como el principal mercado, o es necesario buscar nuevos mercados para nuestras empresas como Iberoamérica?

—En Iberoamérica tenemos grandes empresas, que han invirtieron allí hace muchos años, o que han ganado grandes licitaciones —Iberdrola, Repsol, Santander, BBVA, Sacyr...— pero apenas vendemos a la región un 4% del total de las exportaciones, muy poco para la importante presencia inversora que tenemos allí. Debemos conseguir que la gran empresa española que ya está en Iberoamérica sirva de tractor para las pequeñas y medianas. Nos hemos centrado tanto en el mercado europeo, casi el 70% de nuestras ventas, que dependemos de la marcha general de Europa y si el mercado europeo se cae, el sector exportador también.

—¿Qué otros destinos son preferentes para las ventas españolas?

—Iberoamérica tiene que tirar, Oriente Medio es un mercado que hay que cuidar mas y Estados Unidos es una prioridad absoluta. En este país hay grandes oportunidades porque la economía norteamericana se está recuperando y tiene que modernizar todas sus infraestructuras, que se han quedado ancladas en los años 60. Hay muchas infraestructuras que realizar, autopistas, AVE... Y tenemos que aprovechar que España es puntera, igual que en energía, sector en el que nuestras empresas ya han conseguido destacar.

—¿Fortalecer la política exportadora pasa por dar un fuerte impulso al ICEX?

—Necesitamos dos cosas. Una, recuperar la competitividad perdida y dos, una política de impulso a la internacionalización de la pyme. ¿Qué ocurre? Si no es posible recuperar la competitividad con las reformas estructurales, ya puedes ser el más listo del mundo con el ICEX que no se podrán colocar los productos. Y cuando se recupere competitividad además impulsaremos las exportaciones con planes más eficaces del ICEX y de Cofides.

—¿Por ejemplo?

—Que todas las administraciones vayan de la mano. No está solo el ICEX, cada comunidad autónoma tiene uno propio. Lo que no puede ser es que el ICEX haga una misión comercial y quince días después hagan la misma las comunidades autónomas. O que el ICEX se entere por la prensa de que hay una misión de otra comunidad o que tengamos oficinas comerciales del Estado y en la misma ciudad hasta diez oficinas comerciales, como ocurre en Sao Paulo. Queremos comunidades que se integren en nuestras oficinas comerciales, no solo por duplicación de gasto y estructuras, también por imagen. La imagen que se traslada de España es de despilfarro, de un país que tira el dinero, que tiene más del 20% de paro y que se permite el lujo de tener abiertas ocho oficinas comerciales por ejemplo en Hong kong. A partir de ahora si vamos de misión a India vamos todos juntos...

—¿Qué peso debe tener el sector exportador en el PIB?

—El sector exportador es el único que está tirando de la economía porque la demanda interna está deprimida. Las exportaciones están creciendo, pero hay que seguir incrementando su peso sobre el PIB y en 2012 y 2013 reforzar su papel como motor del crecimiento. De la crisis solo salimos por el sector exterior porque familias y empresas están reduciendo su gasto; están más endeudados, gastan poco y todo su ahorro lo están dedicando a reducir deuda. El sector público debe hacer lo mismo, reducir gasto y generar superávit para devolver su deuda. Todo ello solo coloca en un escenario de crecimiento si tenemos la competitividad suficiente para compensar nuestra reducción de gasto con demanda externa. Fijar objetivos es difícil porque no depende de nosotros. Si, por ejemplo, a Italia se le cae su demanda y reducen el gasto importarán menos por mucho que nuestras exportaciones sean competitivas. Ahora bien, el objetivo es incrementar el peso del sector exterior en la economía y que las exportaciones tiren más del PIB, sí lo es.

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